sin ADN para el futuro

¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?
Hubo un tiempo en que tres indicios formaban una prueba. Bastaban tres testimonios coincidentes para que un juez condenara. No era un capricho, era norma establecida en el Código de Enjuiciamiento Criminal. La evacuación de pruebas se regía por formas y formalidades. Y aunque no existían laboratorios ni genética forense, se sentenciaba con rapidez, incluso con eficiencia… al menos eso parecía. Con el tiempo, aquel código dio paso al Código Orgánico Procesal Penal, con la promesa de una justicia más garantista y equilibrada. Algunos aseguran que antes había menos impunidad. ¿Pero era justicia o simplemente poder concentrado en manos de los investigadores? ¿Menos impunidad o más miedo? Hubo un caso que lo cambió todo.
Un padre señalado por violar y asesinar a su hermana. Las evidencias lo apuntaban, los funcionarios lo acusaban, pero él jamás confesó, ni siquiera tras horas de interrogatorio aplicadas por los mejores agentes de la época. Se decía que el poder eclesiástico lo protegía, y quizá fue así… pero lo cierto es que no se pudo probar su culpabilidad. Hoy, 63 años después, ese crimen permanece impune.
Y lo más trágico: tal vez nunca sabremos quién fue. Porque en aquella época no existía el ADN.
Porque las evidencias biológicas halladas en el cuerpo de la joven no fueron conservadas. Porque la cadena de custodia no era una prioridad. Porque a diferencia de otras policías del mundo nosotros no entendimos que la ciencia también necesita archivo, memoria y futuro. Aún hoy, muchas veces, no se conservan las evidencias.
Y entonces cabe preguntarse: ¿basta con llamarse “Policía Científica” para serlo? La verdadera Policía Científica no es un nombre ni un uniforme. Es una estructura comprometida con la verdad, que entiende que sin perfiles genéticos, sin bases de datos, sin conservación de muestras, no habrá justicia mañana aunque haya testigos hoy.

«Porque sin ADN, la justicia puede tener ojos… pero sigue siendo ciega»


Esto no es una verdad absoluta.
Es solo un pensamiento «HECHO PARA PENSAR».