La epifanía en el aula
Aquel día, en un salón de clases cualquiera, mientras recibía la lección de derecho civil, escuché tres palabras que, aunque pertenecían al mundo jurídico, despertaron un universo distinto dentro de mí:
uso, goce y disfrute.
No eran nuevas. Habían sido repetidas miles de veces por profesores y juristas para explicar los derechos sobre una propiedad. Pero esa vez hicieron eco en un lugar inesperado. Por un instante dejé de escuchar al profesor. La materia quedó suspendida en el aire, y mi mente se abrió como si hubiera recibido un llamado.
Fue entonces cuando Aristóteles apareció en mi pensamiento con la claridad de un viejo maestro que regresa para dar una lección olvidada.
Aquellas tres palabras jurídicas se conectaron sin que yo lo provocara con sus tres formas de amistad.
Y mientras todos tomaban apuntes, yo tomé conciencia.
¿Qué es la amistad? ¿Qué es un amigo?
Me pregunté: ¿Qué es realmente la amistad?
¿Quién es una amistad?
¿Quién es un amigo?
Descubrí que solemos llamar amigos a todos, quizá porque suena más bello, más cálido, más socialmente aceptado. Decir “él es mi amigo” halaga al oído; decir “él es una amistad” parece frío, casi distante.
Pero entre lo que suena bonito y lo que es verdadero hay una distancia que, tarde o temprano, la vida nos obliga a reconocer.
La amistad en el sentido amplio está llena de vínculos que cumplen un rol, satisfacen una necesidad, acompañan un momento o un interés.
El amigo, en cambio, tiene un lugar propio: no cumple una función; forma parte de ti.
Esa distinción, que parece obvia, rara vez la pensamos… hasta que la vida nos la arroja a la cara.
Las tres amistades de Aristóteles y las tres palabras del derecho civil
Aristóteles habló de tres tipos de amistad, y ese día descubrí que las tres coinciden, de manera sorprendente, con las palabras del derecho civil.
1. Amistad de Utilidad — El Uso
La primera es la amistad por utilidad: aquella que nace porque el otro ofrece algo que necesitamos.
En mi mente resonó como uso, en su forma más literal.
No es un juicio moral, es una descripción.
Cuando la utilidad desaparece, la relación también.
Es compañía por conveniencia, no por afecto.
Muchos llaman a estas personas “amigos”, pero si somos honestos, son amistades funcionales, no vínculos del alma.
2. Amistad de Placer — El Goce
La segunda amistad aristotélica es la del placer: esa con quien compartimos risas, fiestas, gustos, hobbies, distracciones.
En mi reflexión tomó un nombre directo: goce.
Se goza la compañía, se disfruta el momento, se celebra lo espontáneo… y luego cada quien vuelve a su vida.
No hay raíces, hay instantes.
Es una amistad ligera: sirve para acompañar la alegría, no para sostener el dolor.
3. Amistad de Virtud — El Disfrute
La tercera es la más noble: la amistad por virtud. La que se basa en el buen carácter, la lealtad, la admiración y el deseo honesto de que al otro le vaya bien.
En mis pensamientos recibió un nombre más íntimo: disfrute.
El disfrute no se usa, no se goza: se comparte.
Se disfruta la presencia del otro, no porque ofrece algo, sino porque existe.
Ese vínculo no depende de circunstancias ni de beneficios.
A este tipo de relación yo no la llamé amistad.
La llamé amigo.
Porque la palabra amistad tan amplia no alcanza para describir lo que un amigo verdadero representa.
Dos amistades y un amigo
Esa fue mi conclusión:
- Las amistades son dos:
las de uso y las de goce.
Ambas cumplen una función y se disuelven cuando la función termina. - El amigo es uno:
el de disfrute, el vínculo que permanece cuando todo lo demás se deshace.
Muchos dirán que exagero, que clasifico demasiado, que la vida no es tan rígida.
Puede ser.
Pero la experiencia confirma una verdad silenciosa:
Todos somos amistad para muchos… pero muy pocos somos amigo para alguien.
Dos preguntas que cambiaron mi visión
En medio de aquella clase, cuando por fin regresé a mis sentidos, emergieron en mí dos preguntas que no sé si vinieron de mi conciencia, de Aristóteles o del silencio:
¿Cuántos amigos tienes… o solo tienes amistades?
¿A quién llamas amigo, y a quién deberías llamar solo una amistad?
Preguntas incómodas, pero necesarias.
Preguntas que duelen, porque desnudar la verdad emocional siempre deja heridas.
Lo cierto es que, por sumergirme en esta reflexión y abandonar la explicación del profesor, terminé reprobando derecho civil. Pero ese día entendí algo que ningún examen académico puede evaluar:
El profesor no es tu amigo; es una amistad.
la diferencia que define la vida
Desde entonces entendí que la vida se estructura así:
- Las amistades acompañan etapas.
- Los amigos acompañan destinos.
Las amistades construyen recuerdos.
Los amigos construyen refugios.
Las amistades llenan espacios.
Los amigos llenan ausencias.
Pero también comprendí otra verdad, quizá más profunda que todas las anteriores:
En esta vida, con excepciones, solo tenemos dos amigos verdaderos dos amigos que todos vemos, pero que nadie ve: nuestros padres.
Son ellos quienes sostienen, acompañan, corrigen, celebran y perdonan.
Son ellos quienes permanecen cuando todos los demás se cansan.
Son ellos los que, por estar tan cerca, muchas veces buscamos fuera lo que siempre estuvo en casa.
Por eso, cuando pierdes a tus padres, no solo quedas huérfano…
quedas huérfano de amigos.
Y después de comprender todo esto, una última pregunta se abrió paso entre mis pensamientos:
¿Me considero un amigo… o más bien una amistad?
En el uso se necesita,
en el goce se comparte,
en el disfrute se permanece.
Muchos llegan como amistad.
Muy pocos se quedan como amigo.Y cuando se van los padres, se va también la única amistad perfecta que tuvimos sin saberlo.
Esto no es una verdad absoluta. Es solo un pensamiento «HECHO PARA PENSAR».


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