No hay nada peor para el ser humano que creer su propia verdad

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Adán caminaba entre los estantes de una biblioteca. A su alrededor descansaban cientos de libros de filosofía, psicología, teología, sociología, economía y política.

Observó a las personas sentadas en silencio leyendo atentamente a grandes pensadores de la historia.

Unos leían a filósofos.

Otros a psicólogos.

Otros a teólogos.

Todos parecían buscar respuestas.

Pero mientras los observaba, Adán notó algo que pocos parecían advertir.

Muchos de aquellos autores estaban convencidos de haber encontrado la verdad.

No una verdad.

La verdad.

Cada uno construyó una explicación del mundo, de la moral, de Dios, de la mente o de la sociedad, y luego la defendió como si fuera la única interpretación posible de la realidad.

Sin embargo, eso no era lo que más preocupaba a Adán.

Lo verdaderamente peligroso eran los lectores.

Porque los autores al menos habían pensado sus ideas.

Muchos de sus seguidores simplemente las repetían.

Sin cuestionarlas.

Sin ponerlas a prueba.

Sin preguntarse si funcionaban fuera de las páginas del libro.

Entonces comprendió que la historia de la humanidad estaba llena de ideas que parecían perfectas en teoría y desastrosas en la práctica.

Ideas filosóficas que terminaron justificando guerras.

Ideas religiosas que terminaron provocando persecuciones.

Ideas políticas que terminaron destruyendo naciones.

Ideas económicas que prometieron prosperidad y produjeron miseria.

No porque las ideas fueran necesariamente malas.

Sino porque el ser humano suele enamorarse más de las teorías que de la realidad.

Adán entendió que el problema comienza cuando una idea deja de ser una hipótesis y se convierte en un dogma.

Porque en ese momento deja de buscar la verdad y comienza a defenderse a sí misma.

Y cuando una persona se enamora de su propia verdad, deja de escuchar.

Deja de aprender.

Deja de cuestionar.

Y poco a poco comienza a vivir dentro de una prisión construida con sus propias certezas.

Mientras observaba los libros, abrió su libreta «Hecho para pensar» y escribió:

«Pensar no es repetir lo aprendido.
Pensar es cuestionar lo que todos dan por hecho.»

Luego añadió:

«Las ideas son herramientas para comprender la realidad.
El problema comienza cuando se convierten en sustitutos de ella.»

Adán comprendió entonces que la inteligencia no consiste en acumular conocimientos.

Consiste en conservar la capacidad de dudar.

Porque quien cree saberlo todo deja de buscar.

Y quien deja de buscar termina confundiendo sus creencias con la realidad.

Por eso sospechaba de las personas que tenían respuestas para todo.

Los verdaderos pensadores suelen convivir con preguntas.

Los fanáticos suelen convivir con certezas.

Entonces escribió una última reflexión:

«La verdad no suele ser peligrosa.
Lo peligroso es creer que ya la poseemos.»

Adán entendió que muchas de las mayores tragedias de la humanidad no nacieron de la ignorancia.

Nacieron de personas absolutamente convencidas de que tenían razón.

Porque cuando una idea deja de ser cuestionada…

comienza lentamente a convertirse en un dogma.

Y cuando el pensamiento se convierte en dogma…

la verdad deja de importar.

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Una respuesta a «No hay nada peor para el ser humano que creer su propia verdad»

  1. Avatar de stellarfully865f7eae2a
    stellarfully865f7eae2a

    Que lindo pensamiento me encantó👍🏻

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