Después de muchos años sin ver a su padre, Adán decidió visitarlo.
Llegó a la casa donde ahora vivía junto a United States, a quien todos llamaban América. Fue recibido con entusiasmo y hospitalidad. La casa era distinta a la de su madre Venezuela: más organizada, más rápida, más fría… pero también más eficiente.
Adán comenzó a trabajar junto a ellos. Sin embargo, mientras realizaba sus labores, sentía que nada se comparaba con trabajar en la tierra donde había crecido. Extrañaba el calor, las costumbres y hasta el caos de Venezuela.
América notó su desánimo.
Lo observó por unos segundos y le dijo con serenidad:
Adán… debes trabajar como una prostituta.
Adán quedó inmóvil.
La frase le cayó como un golpe inesperado. Pensó haber escuchado mal.
Antes de que pudiera responder, América sonrió levemente y continuó:
¿Qué tiene de vergonzoso trabajar como una prostituta? Dime… ¿quién es más deshonesto en su trabajo? ¿El médico que juró salvar vidas y participa en actos que contradicen su juramento? ¿El político que roba el dinero de una nación? ¿O el sacerdote que predica moral mientras destruye la inocencia de un niño?
Adán guardó silencio.
América se acercó lentamente y le explicó:
Cuando te digo que trabajes como una prostituta, hablo literalmente de la disciplina con la que muchas de ellas trabajan.
Adán la miró con atención.
Mira, Adán… una prostituta, antes de ir a trabajar, se arregla. Se asea. Se pone su mejor ropa. Deja sus problemas personales en la casa porque entiende que el cliente no paga para escuchar miserias, sino para sentirse bien.
Llega con buena actitud, sonríe aunque esté rota por dentro, trata a las personas con respeto y jamás demuestra desgano porque sabe que, si lo hace, el cliente no volverá.
América hizo una pausa y añadió:
Nunca está mirando el reloj esperando la hora de irse. Tampoco pasa el día lamentándose por el trabajo que eligió. Lo hace porque entiende que fue su decisión… y porque sabe que mientras mejor trabaje, mejor le irá.
Adán comenzó a comprender hacia dónde quería llegar.
Una prostituta entiende algo que muchos trabajadores olvidan continuó América: el cliente no vuelve por lástima; vuelve por la experiencia que recibe. Por eso hace su trabajo rápido, bien hecho y con calidad. Todo lo hace pensando en producir dinero.
Luego lo miró fijamente y concluyó:
Por eso te digo, Adán… trabaja pensando en el dinero, pero también en la calidad de lo que haces. Porque el mundo recompensa más a quien resuelve problemas con buena actitud que a quien vive quejándose de ellos.
Adán asintió lentamente con la cabeza.
Por primera vez desde que llegó, dejó de comparar todo con Venezuela y comprendió algo importante: ningún lugar recompensa la nostalgia; el mundo recompensa el valor, la disciplina y la capacidad de adaptarse.
Tomó aire, sonrió ligeramente y continuó trabajando con entusiasmo.
Mientras barría el suelo, escribió mentalmente una frase para su libreta:
“Muchas personas fracasan no porque trabajen duro,
sino porque trabajan amargadas.
El cliente siempre recuerda cómo lo hiciste sentir.”
“No es solo un punto de vista, es un pensamiento “HECHO PARA PENSAR”
Fran J Ramirez
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