Es mejor desconfiar de Dios que del Diablo

Por

Silhouette of a man facing a glowing angel with wings and a horned demon with wings surrounded by clouds and fire

Adán escuchó una frase que lo dejó pensando durante días:

“Es mejor desconfiar de Dios que del Diablo.”

Al principio le pareció absurda, incluso ofensiva.
Pero mientras más la analizaba, más comprendía que no hablaba de religión… sino de naturaleza humana.

Porque del Diablo todos esperan traición.
Nadie se sorprende cuando alguien malo hace daño.

El verdadero peligro aparece cuando el daño viene de quien parecía bueno.

Adán entendió que la confianza absoluta vuelve vulnerable al ser humano.

Quien cree que alguien jamás le haría daño baja la guardia, se desprotege emocionalmente y deja abiertas las puertas de su vida.

Por eso muchas de las peores traiciones no vienen de enemigos…
vienen de personas amadas, admiradas o respetadas.

La naturaleza humana tiene algo que pocas personas aceptan:

La existencia siempre será prioridad.

Y cuando el ser humano siente amenazada su estabilidad, su poder, su placer, su libertad o su supervivencia, puede hacer cosas que jamás imaginó hacer.

Adán comprendió que dentro de cada persona conviven dos fuerzas: la capacidad de hacer el bien y la capacidad de destruir.

Negar cualquiera de las dos es vivir engañado.

Porque reconocer que alguien tiene bondad no es un problema.
El error está en olvidar que también tiene oscuridad.

Allí entendió por qué muchas personas terminan decepcionadas de la humanidad.

Idealizan tanto a los demás que olvidan que todo ser humano tiene límites, egoísmo, miedo, impulsos y contradicciones.

Entonces recordó algo que había observado durante años:

La gente suele protegerse del delincuente…
pero se entrega completamente al “bueno”.

Y muchas veces es precisamente allí donde ocurre la herida más profunda.

No porque el bueno sea necesariamente malo…
sino porque sigue siendo humano.

Adán comprendió que madurar no consiste en vivir desconfiando de todos, sino en entender que cualquier persona, bajo determinadas circunstancias, puede cambiar.

El hambre cambia.
El miedo cambia.
El poder cambia.
La desesperación cambia.
Y el instinto de supervivencia puede romper principios que parecían inquebrantables.

Entonces escribió en su libreta “Hecho para pensar”:

“Confiar ciegamente en la bondad humana es olvidar que el instinto siempre duerme dentro del hombre.”

Y debajo añadió:

“No es malo reconocer la parte buena de alguien.
El error es ignorar que también posee una parte capaz de destruir.”

Adán entendió que el ser humano teme más al monstruo visible que al monstruo disfrazado de virtud.

Porque del Diablo todos esperan maldad…
pero de las personas buenas nadie espera traición.

Y precisamente por eso son las heridas que más destruyen.

Posted In ,

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo